Conociendo la cultura Hindú

orando

Visita a un templo Hindú. Tengo a escasos kilómetros del hotel uno de los 15 templos más importantes de la religión Hindú, Durga Puja, coincide que esta semana es una de las semanas más importantes para ellos, Navrati, fiestas sagradas. Camino del infierno Nos ofrecen ir voluntariamente pero claro está que no puedo perder esta ocasión de conocer esta cultura de cerca, soy el único de los extranjeros que acompaña a los nacionales cuya religión es ésta, algunos otros son cristianos que tampoco van. Nos citan muy temprano, así que los despertadores hay que activarlos, el mío no, me despierto antes que los gallos, no hay manera de dormir más.

Hacia el templo cuesta arriba
Hacia el templo cuesta arriba

Un autobús como sacado de los años 80 nos lleva por la carretera de una montaña mal asfaltada pero a cada kilometro que subimos parece como si fuera descendiendo en escala de pobreza. Como si de la Divina Comedia se tratara, me estoy introduciendo en el infierno de la miseria, con uno de los dueños del club, JB, como guía haciendo de Virgilio, explicándome cada detalle de esta aventura. Bajo del autobús y el miedo se apodera de mi. El camino hasta el templo me hacer recordar al camino de Dante por el infierno,
es como una cuesta empedrada de escalones formado por un pasillo de personas sometidas a castigos por sus pecados capitales, sólo que estos no habrán tenido la opción ni de cometer algún pecado: amputados arrastrándose por el suelo, ciegos con ojos cristalinos armonizando el ambiente con mandolinas, mujeres con sus bebés desnutridos acurrucados en sus regazos, hombres cargando el peso de 50 ladrillos a sus espaldas con los pies descalzos ensangrentados. Procesiones de creyentes suben la cuesta tocando sus instrumentos a la vez que rezan haciendo el camino intransitable.

familiaA la llegada al recinto del templo, recién duchado que estoy, me hacen despojarme de los zapatos, cosa que viendo el estado del suelo no es lo más recomendable para alguien que se gana la vida con sus pies. Las familias se agrupan en filas con sus mejores vestidos de colores que chillan por si solos, acompañadas por cabras a la espera de ser sacrificadas para que sus oraciones sean cumplidas.

Entro en el edificio del templo como si del purgatorio se tratara, un recinto de piedra maciza sin ningún tipo de aireación, con un ambiente viciado de humanos y animales malolientes que se dirigen a su sacrificio. Sigo la marea de una fila de creyentes orando con cánticos a sus dioses para despojarse de sus pecados. El calor, el incienso, el contacto con lo que sea que te toque y el olor a la suma de todo hacen al agobio recobrar vida. Acaba la fila, siguiente paso despojarme de mis pecados, para ello bajo unas escaleras donde a cada paso el oxígeno se va reduciendo, cada vez cuesta más respirar. Frente manchada Al llegar al último escalón dos hindúes me pintan la frente de rojo, me hacen arrodillarme, se lían a guantazos conmigo mientras me dicen muchas cosas que no entiendo para que los pecados salgan de mi (podrían estar dos días enteros), me hacen tocar el agua de una charca donde veo una familia de cucarachas y llevarme la mano a la frente para humedecerla. El resultado es aparte de la paliza tras quitarme los pecados, una cara pintada de rojo tras correrse la pintura con el agua de la charca de las cucarachas.

Camino del TemploSalgo del Purgatorio pensando que el cielo vendrá después pero se me ha pasado que todavía queda lo peor. Antes de que te todo mis pecados sean despojados viene un sacrificio, como estamos en fiestas el sacrificio es de los gordos. Me encuentro a un metro de un Búfalo, agarrado por la cabeza con cuerdas a unos palos de madera y por las patas traseras cogidas por cuatro hombres que inmovilizan al bicho. Un verdugo con el cuerpo descubierto aparece con una espada enorme pesada, se coloca a la altura del cuello del pobre animal y hace su trabajo. El sonido seco de la afilada espada calla el ambiente. El cuerpo sin cabeza cae al suelo desangrándose mientras la cabeza se mantiene en alto sujeta por las cuerdas, el verdugo se tiñe de rojo y mi rostro paralizado por lo que acaba de ver es salpicado por gotas de sangre purificadoras.

Salgo como puedo del templo, libre de mis pecados, sucio como todos los presentes. Me meto en el autobús pensando en darme una buena ducha, una de esas que te hace tener remordimientos por el agua gastada, necesito quitarme de encima todo lo que tengo impregnado. Llego al hotel, consigo hablar con la familia, con la que es para mi la Beatriz de Dante. El cielo, mi casa, me espera para más adelante.

 

2 comentarios en “Conociendo la cultura Hindú

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