El duende con botas de fútbol 

Hacía tiempo que no escribía y más de uno empieza a pedirme que lo haga, el amor me ha tenido ocupado, “las noches se visten de corinto,  yo de hombre y tú de los besos míos”. Escuchando a mi compare Jesus Méndez me di cuenta que hasta él mismo me lo estaba diciendo a voces “Coge la pluma y escribe”. Así que todo esto que escribo es escuchando a Jesús en su disco de Añoranza y un gran programa de Los caminos del Cante con cantes de Luis de la Pica. No entiendo mucho de flamenco al igual que no soy experto en la materia, como por ejemplo José María Castaño que da gusto escucharlo, pero seguramente disfrute con los cantes de Jerez como si fuera uno de ellos, no voy ha hacer un intento de aparentar saber del tema, sólo sé que me gusta escucharlo.

Jesús Mendez
Jesús Ruiz Méndez

Disfruto mucho con esos cantes rebuscados de Luis de la Pica, con esas letras tan inspiradoras que te llevan a su mundo de naturaleza con “su vestidito del color del flor”, te trasladan a sus noches de bohemia. Ese cante de Juan Moneo Lara, “ese cante de un loco que quiere jugar” que tanto nos ha dado peleando en los escenarios con su timidez, ese cante que no puedes dejar de escuchar, “las manillas del reloj no se separan” cuando lo escuchas. Esos quejíos de Jesús Mendez con esa fuerza heredada de la Paquera que parece que es capaz de romper una roca con su voz, te hace temblar el cuerpo cuando su voz entra dentro de ti. La familia de los zambos que me hicieron de guía en mis clases de bulería (sin conseguir muchos progresos) con “échale guindas al pavo” . Esa suavidad de la Felipa o la garra de Macana…
Hay veces que vuelvo a mi casa, la habitación de uno de los hoteles dónde me encuentre en ese momento… “de nuevo a casa sabiendo que no hay nadie, me vuelvo loco, me pongo a hablar con el aire” y me siento “sólo, siempre muy solo, debo de ser un solitario”, pero soy de los que hago a Soledad una amiga leyendo libros y escuchando música.

Escuchar flamenco me devuelve a Jerez. Me hace revivir esos entrenamientos con el Xerez juvenil cuando el entrenador nos hacía correr por los alrededores de el colegio el Pilar y nosotros nos íbamos a casa de Chato -gitano de familia de artistas con una zurda que hacía locuras con la pelota- cerca del campo, a que sus dos hermanos pequeños nos hicieran una pataita y un cantecito- ahora esos enanos son buenos artistas del mundo del flamenco y con mucho futuro por delante-. Esas noches de viernes flamencos dónde iba a la plaza de la asunción a escuchar un poco de flamenco, recuerdo a Paqui y Manuela cantando con mucho poderío “Campanas de Santiago, campanas de San Miguel…”. Esa auténtica Fiesta de la bulería con mis amigos, sentados en la grada con la nevera al lado repleta de comida y bebida mientras el Capullo hacía de las suyas con sus rumbas y bulerías … “yo me fui de fiesta con mis amigos”, Fernando de la Morena divertía, engatusaba con su “Eugenia del Montijo …” y donde el Torta hacía levantar a todo el público en cada cante con ese “ya no te vemos por aquí…” dedicado a Luis. Me hace recordar que queda poco para esas zambomba en la peña los Cernícalos donde  el arte se desborda.
Siempre me han gustado los cantaores y cantaoras con voces limpias, en el flamenco me gusta entender las letras más que cualquier otro variedad de música. Lo que sale a la luz en discos o teatros en el mundo del flamenco igual es un 5% de lo que es en realidad, el flamenco se vive en la calle, en las casas, en los bares, en los patios, en los vestuarios…El Flamenco a la mínima aparece, con una copa de vino fino como medio de transporte, en alguien cantando y muestra sus letras inspiradoras con su soniquete como si fuera una invisible telaraña que te envuelve.
El motivo de que me guste el flamenco es ese, no hay otra música que sus letras lleguen tan profundo. El flamenco muestra sentimiento, el cantaor no solo canta, sufre lo que canta, por eso el directo del flamenco es y será siempre el más inspirador del mundo, “el cante no es lo que uno quiere es lo que tiene que ser”. Es imposible ver un cante flamenco en directo sin que se te ponga la piel de gallina, o sentir una impotencia por no saber bailar cuando alguien se pega una pataita en una fiesta por bulería. Hace muchos años me hice un libro escrito a mano con las letras que más me inspiraban de flamenco y lo guardaba, de vez en cuando lo sacaba para leerlo, poesía.
El vivir en Jerez te hace conocer y tratar con gente del mundo del flamenco y el haber jugado al fútbol me hizo convivir con algunos de ellos, tanto gitanos o entreveraos como gachós que aman el flamenco. He coincidido con algunos que trasladaban el arte que llevan dentro al campo del fútbol, hacían cosas mágicas, cosas que no veías en otros, eso sí, solamente cuando ellos querían. duende con balonCuando el duende futbolístico les entraba era para echarse a llorar. Su juego se mezclaba entre el arte con lo que hacían con el balón y la dura humillación que provocaban intencionadamente en el contrario, intentaban pasar por encima haciendo daño, riéndose de ellos a boca llena, con maldad futbolística. De esos que cuando los tienes en tu equipo solo puedes quedarte mirando embobado disfrutando de lo que hace o si estás en el equipo contrario lo único que quieres hacer es levantarlo dos metros de altura con una buena patada o alejarte de él para que no te la líe. De echo es lo que pasaba muchas veces, echaban a muchos del equipo contrario que se desquiciaban, tenían facilidad para ello. “Te enseño el balón por aquí… pero me voy por allí. -Ven presióname,… aaaaiiii cañito, que pena.- Vas muy rápido, sombrerito, ¿Dónde vas ?”. En Jerez tenemos a Dani Güiza que lo ha conseguido todo en el fútbol pero no es del estilo del que yo hablo. Tuvimos a Dieguito de la Margara pero no tuve la suerte de verlo y no puedo hablar de él aunque si de su hijo, que jugaba muy bien pero era de correr poco. La etnia gitana ha dado futbolistas de grandísimo valor en todo el mundo, incluso he compartido profesionalmente vestuario con Jose Mari y Jesús Navas que tienen ramalazos pero en este caso me estoy centrando en los de Jerez, los que he tenido la suerte de conocer, los Cheché, Chato, Juan Vargas, Paramio. Mi amigo Alvarito Cabeza era un estereotipo de lo que hablo que sin ser gitano es muy flamenco y sabía plasmarlo en el campo, si no hubiera sido por las lesiones igual estaríamos disfrutando de él, al igual que de Cheché, del que decían que Luis Aragonés hablaba maravillas de él cuando estaba en el Mallorca.
Hablando de Cheché, recuerdo cuando jugaba en el Xerez cadete un partido en el que Cheché marcó un gol haciendo una buena jugada, con su duende vestido con botas de fútbol asomando la cabeza, se fue al banderín a bailar una bulería como solo ellos, como sólo los de Jerez saben hacerlo, una condensación de arte inigualable, la del arte del fútbol y del flamenco fundidos. Hay muchas expectativas en un pequeño con apellido Zarzana y además vistiendo camiseta palangana. El día que a alguno de estos artistas le de por ser futbolista y demostrar todo ese arte dentro de un tablao de fútbol  será un tipo de jugador desconocido hasta este momento, una especie nueva por descubrir en este mundo que lo está esperando con los brazos abiertos para que todos lo veamos. Se escribirán letras flamencas con su nombre como si del Paula se tratara.

 

 

3 comentarios en “El duende con botas de fútbol 

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